El sueño de la Malinche (1939)

El sueño de la Malinche    (1939)
de Antonio Ruiz "El Corcito"

Thursday, August 5, 2010


JUNTA DE BUEN GOBIERNO
CORAZÒN CÉNTRICO DE LOS ZAPATISTAS DELANTE DEL MUNDO
SNAIL TZOBOMBAIL YU’UN LEKIL J’AMTELETIK
TO’ON ZAPATISTA TA STUK’IL SAT YELOB SJUNUL BALUMIL
A 23 de junio del año 2010
A LA OPINIÓN PÚBLICA
A LA PRENSA NACIONAL E INTERNACIONAL
A LA SOCIEDAD CIVIL NACIONAL E INTERNACIONAL
A LOS ORGANISMOS DE DERECHOS HUMANOS
A LOS MEDIOS ALTERNATIVOS.
A LAS Y A LOS ADHERENTES DE LA OTRA CAMPAÑA
A LAS Y A LOS ADHERENTES DE LA ZESTA INTERNACIONAL
HERMANOS Y HERMANAS.

Por este medio, la Junta de Buen Gobierno Corazón Céntrico de Los Zapatistas Delante del Mundo, Zona Altos de Chiapas, México.
Denunciamos los siguientes acontecimientos:
Nuestros compañeros y compañeras bases de apoyo zapatista de El Pozo, conjuntamente con el Consejo Autónomo de San Juan Apóstol Cancuc informaron ante la Junta de Buen Gobierno, las agresiones provocadas por los priistas y perredistas de la comunidad El Pozo, ocurrido el dia 21 de junio del presente año.
Primero: el agente rural y los priistas y perredistas obligan a nuestros compañeros bases de apoyo a pagar el servicio de luz eléctrica, sabiendo que están en resistencia y están luchando por una causa justa y por construir sus autonomías, pero nuestros compañeros y compañeras bases de apoyo siempre han sido amenazados por los priistas y perredistas de ser cortados sus servicios de agua y de energía eléctrica. Esta amenaza y provocación contra nuestros compañeros empezó a complicar desde la semana pasada.
Segundo: el día 21 de junio, aproximadamente a las 10:30 de la mañana, los priistas y perredistas para llevar a cabo sus acciones, se organizaron y se dividieron en cuatro grupos, cada grupo eran como 60 personas con actitudes agresivas y armados con machetes, piedras, palos, azadón, picos, palas y pinzas para cortar el servicio de luz y de agua a 9 familias bases de apoyo zapatistas. Ante estas acciones, los compañeros le dijeron a los priistas y perredistas que no hicieran eso. Pero no hicieron caso y comenzaron a agredir y a golpear con piedras y palos a nuestros compañeros.
Tercero: a Miguel Hernánez Pérez, le golpearon en la cabeza tan duramente que hoy se encuentra en el hospital Vida Mejor en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, con fractura de cráneo y exposición de su masa encefálica. También a nuestro compañero Manuel López Hernández, le fracturaron el cráneo y que se encuentra gravemente herido en el hospital regional de San Cristóbal. También se encuentran lesionados los compañeros: Antonio López Guzmán, Sebastián Pérez Cruz, Eliseo Martínez Pérez, Miguel Gómez Hernández y Antonio Cruz Gómez, este último fue golpeado, arrastrado y esposado. Al final todos nuestros compañeros lograron escapar y trasldarse a otra comunidad del municipio autónomo de San Juan Apóstol Cancuc.
Cuarto: También el compañero Antonio Gómez Pérez herido por la agresión, por los priistas y perredistas y se encuentra desaparecido, que hasta el momento no sabemos nada de su paradero.
Quinto: como a las 3 de la tarde, nuestros compañeros promotores de salud Francisco Méndez Velasco, Sebastián Hrnández Gómez y Francisco Santiz Méndez que fueron a sacar a los heridos, fueron detenidos por la policía sectorial con la presencia del presidente municipal Cirio Vásquez Cruz, el fiscal de Justicia Indígena Marcos Shilón Pérez y el personal de la Subsecretaría de gobierno y llevaron en la Fiscalía de San Cristóbal de las Casas, que hasta ahora siguen detenidos.
Sexto: los que organizaron y dirigieron esta agresión son las siguientes personas: Lorenzo Hernández Gómez (vicepresidente del comité de educación oficial), Juan Aguilar Hernández (Presidente del comité de Educación), Nicolás Vázquez Méndez (dirigente del partido PRD), Pablo Santiz Cruz (Policía Municipal), Ramón Vázquez Méndez (Agente Auxiliar), Diego Pérez Cruz (Principal), Antonio López Pérez (Principal) y Miguel Gómez Pérez (es el que encabeza y es principal).
Por eso como Junta de Buen Gobierno, denunciamos enérgicamente todas las acciones violentas que están haciendo los priistas y perredistas conjuntamente con sus diferentes autoridades de El Pozo, porque ellos no tienen el derecho de privarle el servicio de energía eléctrica y el servicio de agua a nuestros compañeros y compañeras zapatistas, sabiendo que son riquezas de nuestros estado y de nuestro país y como nativos de estas tierras, todos y todas tenemos el derecho de disfrutar sin pagar ninguna tarifa ni impuesto.
También como Juntas de Buen Gobierno, exigimos la libertad de nuestros compañeros que fueron privados de su libertad injustamente, pues ellos no son responsables de nada, incluso 5 de ellos ni siquiera estaban en el lugar cuando ocurrieron los hechos. Y si no los ponen en inmediata libertad a nuestros compañeros y todo lo que pueda suceder en esa localidad, los responsables directos son los malos gobiernos municipal, estatal y federal, porque detrás de estos hechos están los diferentes niveles de autoridades, que actúan a través de las personas afiliadas a sus partidos políticos. Ya que el presidente municipal oficial de ese municipio, sabe perfectamente que desde hace tiempo su gente ha estado hostigando a las bases zapatistas con el pretexto de la resistencia al pago de la energía eléctrica, así como en otras ocasiones como en Crucilj’a, Tzuluwitz, Nicht’el, La Palma, Ya’xcoc, Baak’il, Cruztón, entre otros, el mismo problema sobre la energía eléctrica, para que después justifican como si fueran enfrentamientos entre indígenas, para luego militarizar a las comunidades con el pretexto de poner orden.
Lo sucedido en la comunidad El Pozo, así como se ve claramente, no fue un enfrentamiento así como manipulan los diferentes medios de comunicación. Ni mucho menos fue una agresión provocada por los bases de apoyo zapatistas como acusan los medios de comunicación. Ante la agresión, los compañeros tuvieron que defenderse de alguna forma, utilizando sus últimos recursos para su legítima defensa ante la agresión provocada por los priistas y perredistas de El Pozo, al ver a nuestros compañeros golpeando y partiendo la cabeza, otros arrastrándolos en la carretera.
Al mismo tiempo desmentimos el testimonio de uno de los agresores lesionado, donde informa que son nuestros bases de apoyo quienes provocaron dicho enfrentamiento, mientras es todo lo contrario, nosotros los zapatistas no estamos provocando problemas, al contrario nuestra lucha lo estamos llevando a cabo de una forma pacífica y no con violencia, nosotros no estamos luchando contra nuestros propios hermanos y hermanas indígenas, así como lo hemos mencionado en muchas ocasiones. Aunque en esta agresión hubo un muerto de los agresores por lo que fue el que encabezaba la agresión. Nuestros bases de apoyo tuvieron que defenderse.
Cómo es posible que el mal gobierno actúe de esta manera, deteniendo a nuestros compañeros y están en calidad de presentados, mientras nuestras bases de apoyo fueron agredidos, golpeados y varios se encuentran gravemente heridos y otros lesionados, mientras los agresores están libremente de hacer lo que quieran, porque cuentan con el apoyo y el respaldo de los tres niveles de gobierno, pero cuando nuestros compañeros y compañeras se defienden de la agresión los acusan de provocadores y agresores, esto quiere decir que los zapatistas no tienen derecho defender sus vidas.
En estos momentos se sabe que hay amenazas contra nuestros compañeros y compañeras de ese municipio, de ser agredidos y desalojados de sus comunidades por los perredistas y priistas y estaremos atentos ante cualquier acontecimiento.
Como Juntas de Buen Gobierno es nuestro deber y obligación denunciar todas las acciones del mal gobierno que provoca en nuestras comunidades zapatistas y no nos quedaremos callados ante cualquier provocación y agresión en contra de nuestros pueblos.
Por el momento es toda nuestra palabra y seguiremos informando todo lo que pueda pasar en contra de nuestros compañeros bases de apoyo.
ATENTAMENTE LA JUNTA DE BUEN GOBIERNO CORAZON CENTRICO DE LOS ZAPATISTAS DELANTE DEL MUNDO. ZONA ALTOS DE CHIAPAS
REMIGIO SANTIZ LOPEZ, FRANCISCO MENDEZ CRUZ
MARISELA HERNANDEZ NUÑEZ, ROSA MARIA GOMEZ HDEZ.
AUTORIDADES DEL CONSEJO AUTONOMO DEL MUNICIPIO DE SAN JUAN APOSTOL CANCUC.
CONSEJO AUTONOMO
ANTONIO SANTIZ PEREZ

JUECES AUTONOMOS
PEDRO CRUZ TORREZ
JUAN JIMENEZ GOMEZ

Thursday, June 17, 2010


Tlalocan.
Ahí es donde irán a parar las muertas encinta, las que mueren dando a luz y los inocentes. Y se me antoja que muchos han muerto tratando de dar a luz a un sueño, a una esperanza, diciendo que sí a la vida misma.

En el Interior del Cielo (Poemas de Nezahualcóyotl)

Sólo allá en el interior del cielo
Tú inventas tu palabra,
¡Dador de la vida!
¿Qué determinarás?
¿Tendrás fastidio aquí?
¿Ocultarás tu fama y tu gloria en la tierra?
¿Qué determinarás?
Nadie puede ser amigo
Del Dador de la vida…
Amigos, águilas, tigres,
¿a dónde en verdad iremos?
Mal hacemos las cosas, oh amigo.
Por ello no así te aflijas,
Eso nos enferma, nos causa la muerte.
Esforzáos, todos tendremos que ir
A la región del misterio.



Con Flores Escribes…

Con flores escribes, Dador de la vida,
Con cantos das color,
Con cantos sombreas
A los que han de vivir en la tierra.
Después destruirás a águilas y tigres,
Sólo en tu libro de pinturas vivimos,
Aquí sobe la tierra.
Con tinta negra borrarás
Lo que fue la hermandad,
La comunidad, la nobleza.
Tú sombreas a los que han de vivir en la tierra.


 

Monday, May 24, 2010

Tlalocan


Detalle del Fresco de Teotihuacán donde se representa el paraíso de Tlalocan, el reino del Dios Tláloc

Arena sacrificial
Y una vez más
la violencia es el punto de reunión
entre nos (otros)
por ese desierto que quema,
que agrieta los labios del caminante
y calcina el alma de los que radican en el lado norte del muro…
pero ese río humano quiere vivir
y se atreve a la travesía
en un peregrinaje de retorno incierto por la zona yerma
espaldas mojadas
de sudor
(que no de agua)
único rocío que alimenta las biznagas y cactos. 
De día Huitzilopochtli
quema las carnes de esos colibríes del sur
esperando una vez más la cuota de sangre de sacrificio;
de noche, la blanca Coyolxauhqui  alumbra su paso;
y, cuando alguno sucumbe
a la sed o a un arma de fuego,
solamente el suave viento de Ehecátl
les acompaña
hasta su Mictlán sagrado
hasta su Tlalocan si son niños o mujeres encinta.
Enronces, la sangre de los sacrificados se mezcla con las arenas
del desierto;
entonces, ríos de sangre subterránea y roja
tiñen la tierra de color rojizo
en el norte y en el sur,
a lo largo y ancho de esta frontera llaga;
pero aquí y en Arizona ya casi nadie recuerda
de dónde a la tierra le vino ese color
y poco a poco nos vamos quedamos mudos;
mientras cual chac-mool sostenemos
en nuestros vientres la vasija donde se ha de colectar la sangre del sacrificio
de los que les ha tocado nacer "en las orillas de la suerte"

Sunday, May 23, 2010

Pre-textos. Una relectura de “El pachuco y otros extremos” y “Los hijos de la Malinche” de Octavio Paz

Rosario M. de Swanson
“Ponencia presentada en el Congreso de la Asociacion de Estudios Latinoamericanos LASA, Dallas, Texas, March 27-29, 2003.

En El laberinto de la Soledad, Octavio Paz comienza su interrogación de la identidad
mexicana a partir de su encuentro con el “pachuco.” Y, es precisamente la interrogación de su propia identidad a raíz de su encuentro con “el Otro” –en este caso los pachucos— lo que lo lleva a internase en el laberinto de su identidad comenzando por describir las actitudes de esos mexicanos “para quienes serlo es un problema de verdad vital, un problema de vida o muerte” 147). Y aunque Paz lo hace desde su perspectiva de intelectual invitado a impartir cursos en una universidad extranjera, me interesa tomar como punto de partida el hecho de que es el encuentro entre chicanos y mexicanos, el encuentro entre seres que existen conscientes de su propia otredad entre ellos mismos, en tanto que comparten lo mexicano como tronco común, y conscientes también de su otredad hacia el exterior, que desencadena la exploración de la identidad propia. Me interesa también cómo Paz describe la relación que los chicanos tienen, en tanto que minorías, con la cultura anfitriona, la cultura estadounidense, y con la cultura mexicana. ¿Qué nos acerca? ¿Qué nos separa? ¿Una frontera, una cultura, una lengua, dos? ¿Qué podemos desde nuestras mutuas otredades ofrecernos los unos a los otros y al resto del mundo, particularmente en nuestro siglo cuando el encuentro o reencuentro entre nos(otros) parece ser inevitable? ¿Es posible que la frontera deje de ser un límite y una limitación y se convierta no en un límite sino en un punto de reunión, de comunión con el otro? ¿Dónde y cómo encaja el género en este cruce de caminos representado por la simbólica figura de la Malinche? Juan Armando Rojas, un poeta mexicano nacido en Cd. Juárez, una ciudad fronteriza, en su poema “Vertebral” nos recuerda que hemos sido “convocados / a descubrir la relación del río/ con sus rudos caudales” apuntando a la necesidad de entender, de forjar una relación con esta frontera río de quien somos, de algún modo caudal (19). Rojas parece invitarnos a cruzar, a entender y a morar en esta frontera río mediadora entre nosotros y los otros. Mas la frontera no siempre ha sido un punto de comunión como nos recuerda Enrique Lamadrid. Lamadrid nos hace recordar cómo la bifurcación de los destinos históricos entre lo que antes había sido México y luego pasó a formar parte de los Estados Unidos en 1848, aunado al legado psicológico del Destino Manifiesto junto con el colonialismo interno y la experiencia de dos nacionalismos, así como la enorme diferencia económica entre ambos países han influido en nuestra manera de relacionarnos con los que hoy día conocemos como chicanos (89). De lado mexicano, frecuentemente esta carga psicológica se manifiesta en ofensas verbales a las que los chicanos, heridos por quienes consideraban aliados frecuentemente responden también con insultos (89). Y sin embargo mexicanos y chicanos compartimos la otredad, los unos el otro exterior al sur del norte, borde / frontera, los otros el otro interno al norte del sur.
En Black Skin, White Masks, Fanon explica que la presencia de condiciones psicogénicas anormales en la psicología de los pueblos conquistados, se debe en gran parte a la sed natural del ser humano de ser reconocido por el otro (210). Sin embargo, debido a la carga psicológica de la conquista y al establecimiento e internalización, por el sujeto colonizado, del modelo de relaciones humanas que obedece a la estructura de esclavo y amo, según Hegel, esta búsqueda se trastorna. De ahí que lo que se desea no es el reconocimiento del otro sino la dominación del otro. Y en muchos de los pueblos conquistados este deseo por dominar va acompañado de una ansiedad y anhelo de reconocimiento no de los otros que son otros como
nosotros, sino del reconocimiento del Otro que anteriormente ocupaba el lugar del amo, pues éste es todavía quien está en una posición de poder o éste es el paradigma que se ha establecido como la norma. Además, Fanón sugiere que la existencia de estas relaciones de poder afecta las relaciones entre los que aspiran a ser reconocidos por los que están en poder, ya que quienes han obtenido ese reconocimiento pueden fácilmente asumir las actitudes de superioridad ante aquellos que aun no han logrado hacerlo, reproduciendo continuamente la división maniquea entre “Yo” y “Otro” o entre nosotros y los otros y las relaciones de poder que éstas acarrean. Fanon apunta al ejemplo del isleño que se educa en Francia y a su retorno adquiere un aire de superioridad ante aquellos que no han podido salir o educarse en el extranjero. Y esto se da particularmente entre sujetos que han sufrido los impactos psicológicos de la colonización o que están supeditados a corrientes contradictorias como aquellos que habitan la frontera. No obstante, este peligro Fanon reconoce que no todos los educados en la metrópoli se sienten superiores, existen otros cuya actividad intelectual es de suma importancia. Primero, recuérdese que en muchas de las antiguas colonias el deseo por autodeterminación fue articulado a través del aparato político de la nación, arraigado en las ideas de la ilustración, responsable por las luchas de liberación que efectivamente acabaron con la dominación territorial extranjera, cediendo paso a muchas de las naciones modernas en las que antes habían sido colonias. Además de ello, la independencia política no siempre significó independencia o autonomía cultural, aunque no puede negarse que elementos de autonomía existieran en mayor o menor grado. Para Fanon, la independencia política y la adquisición de una conciencia o identidad nacional, no son procesos sinónimos. Por el contrario, el desarrollo de una conciencia nacional es un proceso largo y difícil porque generalmente la historia local ha sido imaginada desde la perspectiva del colonizador y en muchos casos ha sido relegada a la esfera de mito, folklore, o costumbre (Fanon, The Wretched 224). Y es en este momento en que el papel del intelectual que se rebela contra la relación esclavo y amo es de suma importancia ya que éste es instrumental en la creación de una conciencia nacional o cultura nacional a través de la literatura, del arte, de la filosofía y la política. Por medio de la cultura se crea el suplemento a la historia dolorosa de la colonización que aun cuando pueda ser recuperada, es un campo minado por estar mediada a través de los ojos del otro, según señala Doris Sommer. Así el intelectual, una vez conseguida la independencia, generalmente se dedica activamente a la construcción de este imaginario nacional. Mas cabe recordar que Fanon diferencia entre el nacionalismo virulento al que considera ineficaz y lo que él llama el desarrollo de una conciencia nacional que es más representativa y profunda. La conciencia nacional está encaminada al descubrimiento de valores universales que a su vez juegan un papel de suma importancia dentro de un contexto internacional en el cual se busca reconocimiento. Así, el papel del intelectual es indispensable en la formación de una conciencia y cultura nacional, tarea realizada no en aras del pasado, aunque se busque reivindicarlo, sino en nombre del futuro. Y podríamos decir que el firmamento literario e intelectual de toda Latinoamérica está poblado por múltiples voces de intelectuales que una y otra vez se dedican a la enorme tarea de construir una cultura que hoy día se conoce como latinoamericana, desde Simón Bolívar, Andrés Bello y José Martí hasta Gabriela Mistral, Rosario Castellanos y Rosario Ferré.
En México, una vez consumada la independencia política, la construcción de la identidad nacional surge con mayor ímpetus a principios del siglo XX –aunque como sabemos este proceso ya había comenzado mucho antes— según los críticos, justo en el período posterior a la revolución mexicana, cuando el país goza más o menos de cierta estabilidad entre 1900 y 1950. Entre los pensadores mexicanos más importantes que se han dado a la tarea de forjar la conciencia mexicana o lo que hoy entendemos por “lo mexicano” se encuentran: José Vasconcelos, Antonio Caso, Daniel Cosío Villegas, Samuel Ramos, Octavio Paz y Carlos Fuentes, perteneciendo estos últimos a una vertiente muy crítica. Ambos, Fuentes y Paz, criticarán el devenir de los valores éticos y radicales de la revolución en ideología del estado encarnados particularmente en el PRI y ambos Paz y Fuentes, aunque sean funcionarios culturales del estado, tendrán crisis que los hará tomar un sendero menos crítico pero luego retomarán la ruta antes abandonada. De hecho, en nuestros días el quehacer intelectual se centra más bien en la crítica de la tecnología de la nación vis à vis aquellos que ocupan un lugar marginal tanto en México como en los Estados Unidos y mucha de la crítica proviene de intelectuales que asumen como lugar de enunciación un espacio fronterizo vis à vis la nación de la que provienen y el mundo exterior como sería el caso del Subcomandante Marcos portavoz del Ejército Zapatista en México, de Rigoberta Menchú en Guatemala o de los intelectuales Latinos en los Estados Unidos por mencionar algunos.

En el pasado, las teorías de hibridez tendían a reproducir la división maniquea entre “Yo” y “Otro” que intentaban deshacer. Además, si bien los métodos de desconstrucción fueron fundamentales en descubrir el mecanismo de poder detrás de la lógica de oposición binaria; casi siempre, estos métodos dejaban la estructura de la misma intacta. Por eso, según señala Stuart Hall, se ha ido de la lucha por obtener representación a una política de representación (442). Cabe preguntar, ¿qué es lo que este cambio significa? Lo que este cambio significa es el reconocimiento, no sólo a la necesidad de obtener acceso a los medios de representación por las personas que en el pasado carecían de éstos (las mujeres, las minorías, los
sujetos colonizados y los sujetos subalternos), sino también el reconocimiento de la diversidad y diferenciación de la experiencia de los pueblos representados. En nuestra época prevalece el sentimiento de que la etnicidad, la raza y la nacionalidad no funcionan más como significadores trascendentales (aunque a veces me pregunto si esto es cierto, especialmente en el caso de las culturas étnicas). Es decir, estas últimas no funcionan más como garantías de autenticidad y por lo tanto no pueden ser representativas de una cierta autenticidad trascendental. Por consiguiente en nuestros días la labor intelectual se centra en la construcción de una nueva subjetividad y de una nueva manera de relacionarnos con el otro. Sin embargo, cabe apuntar que la reconstitución de un nuevo sujeto es un proceso doloroso ya que esto implica desprenderse de estructuras caducas e inventar nuevas estrategias para continuar siendo, sin dejar de ser del todo como se era antes; ello implica una suerte de hibridez que no duplique la lógica binaria; y, aunque muchas veces el concepto de hibridez ha sido glorificado y celebrado por muchos, casi siempre implica cantidades increíbles de dolor ya que el renacer nunca es fácil y además la hibridez corre el riesgo de ser apropiada y recolonizada en los círculos académicos, particularmente si aparece desprovista de un contexto histórico o cultural.

No obstante, todo esto ha puesto un énfasis en los procesos de subjetividad, cómo se
genera y cómo ésta se inserta en una compleja red de discursos, prácticas e instituciones, históricamente situadas y cómo éstas afectan la definición de subjetividad. En nuestra época no se puede negar que el sujeto (masculino, femenino, nacional) es un ser (o una entidad)descentrado y cargado de diferencias pero esto no significa que para la historia y la literatura, la encarnación de ese sujeto descentrado, gendered, posicionado, lleno de cargas culturales y supeditado al juego de la historia, del contexto económico y social, haya dejado de ser relevante ahora más que nunca existe la necesidad de escribir, de afirmar y de entender la hibridez como diferencia colonial. Por otra parte, otros críticos desde la diáspora se preguntan ¿qué sucede con la identidad en la diáspora? Radhakrishnan en su ensayo “Is the ethnic authentic in the diaspora” se pregunta ¿Por qué una identidad anteriormente experimentada como nacional se convierte en una identidad étnica? Y esta crítica es pertinente en el caso de las minorías que nunca han emigrado pero que, sin embargo, ocupan el lugar de minorías con respecto a la nación como es es el caso de las diferentes etnias indígenas en México que en este preciso instante están luchando por reconocimiento. ¿Cuál es el mecanismo mediante el cual una identidad se convierte en una identidad étnica y no en una identidad nacional? Estas son cuestiones que vale la pena ponderar. Además, Radhakrisnan llama la atención al hecho de que por lo menos en los Estados Unidos la identidad de muchos emigrantes, anteriormente vista como algo natural, adquiere categoría de minoría sugiriendo que quizá ni la identidad nacional ni la etnicidad son paradigmas naturales, fijos o estables sino resultado y producto de desplazamientos y recontextualizaciones que afectan la manera en que la identidad se relaciona a cierto espacio imaginado como espacio nacional (205). Por otro lado vale la pena preguntar ¿qué sucede con la identidad del emigrante de primera generación una vez que cruza la frontera? Y aquí usaré mi propia experiencia como ejemplo. En mi caso sigo siendo/ sintiéndome mexicana por virtud de haber crecido en México y de haber emigrado a una edad mayor. Sin embargo, mi relación con México y por ende mi modo de ser mexicana –desde lejos—ha cambiado, no puede ser el mismo debido a mi desplazamiento de México hacia los Estados Unidos. Mi mexicanidad es ahora vivida en suelo ajeno, es decir desde la diáspora. Ahora bien esto no significa que no mantenga lazos emocionales con mi familia, con la geografía del lugar donde nací y crecí o con mi cultura mexicana o que me ciegue a las contradicciones que se abren ante mí aquí y allá. Primero, desde la perspectiva estadounidense mi identidad mexicana original se ha convertido en la puerta de entrada hacia el proceso de minorización por el que todo emigrante pasa y con el que crecen los hijos de emigrantes latinoamericanos aquí en los Estados Unidos. No obstante, ese México de la memoria es tan real como el México que todavía existe sin estar yo en él. No sé cuál de los dos es más auténtico o más original pero sé que los dos son reales, que los dos existen. Además de esto, estoy consciente de que soy una minoría en términos lingüísticos y étnicos y de que esto, además de las raíces mexicanas, es lo que comparto con los otros mexicanos que han nacido y crecido aquí. Y aquí cabe señalar que debo muchas de esta información y observaciones a mis charlas con chicas Latinas a quienes conocí en la universidad. No obstante, debo confesar que nuestros primeros roces estuvieron marcados por un cierto malestar que no nos permitía comunicarnos bien. No entendía la historia de los chicanos en los Estados Unidos en parte por la bifurcación del destino histórico de los mexicanos quedaron en suelo estadounidense como resultado de la guerra; tampoco estaba muy informada sobre el tratado de Guadalupe Hidalgo. Recuerdo que la simple conversación con ellas incendiaba mi memoria con recuerdos de México y me llevaba a hacer hincapié en lo mexicana que era y en cómo conocía tal o cual canción ranchera (como si la música mexicana sólo fuera la música ranchera), cómo podía preparar a la perfección tal o cual platillo mexicano, cómo yo, a diferencia de ellas, había crecido en México, etc. como si esas fueran las únicas o las expresiones más legítimas de lo mexicano. Por su parte las estudiantes reaccionaban muchas veces con silencio o con un despliegue de actitudes que me confundían, usaban angloñol al que yo no precisamente asociaba con la cultura estadounidense (la cultura estadounidense era monolítica y a mi parecer no incluía aspectos de la cultura hispana); a veces defendían su historia local y otras hacían lo contrario, todo ello se me antojaba mescolanza mas no hibridez. Su hibridismo me confundía y me llevaba a pensar que eran ellas y no yo las que sufrían de confusión cultural, en parte por mis propias asociaciones de lo que constituía la cultura estadounidense (el uso del inglés y la cultura y raza anglosajona). Yo había adoptado sin saberlo la retórica de la autenticidad asociada a la idea de nacionalidad o nacionalismo. En mis ojos, yo era la auténtica mexicana, la original. Ellas eran residuo, derivado, ni mexicanas, ni estadounidenses. Todo ello, a pesar de haber crecido creyendo firmemente en la ideología del mestizaje cultural y étnico en México. Es decir, el mestizaje o la hibridez cultural era algo ya cristalizado, debido en parte a la adopción del mestizaje en México como piedra angular de la tecnología de la nación. La rebelión zapatista todavía no había ocurrido y aunque crecí consciente de la presencia indígena en las calles de la ciudad o en los festivales a la Virgen de Guadalupe nunca se me ocurrió cuestionar seriamente por qué muchos de nuestros indígenas se veían obligados a vender y a exhibir su cultura para sobrevivir o por qué la literatura indigenista había sido escrita por mexicanos y no por indígenas; no hasta encontrarme con el enigma de mi propia identidad una vez cruzada la frontera. La identidad mexicana era para mí, en aquel entonces, algo ya forjado, algo que se había cristalizado y no algo que se construye a diario, un proceso de mestizaje o hibridez cultural inacabado e inacabable como nos recuerdan Antonio Benítez Rojo, Stuart Hall y Gloria Anzaldúa. Y me parece importante hacer hincapié en esto ya que si logramos entender este proceso y cómo afecta nuestras propias nociones de quiénes somos podremos entender a aquellos para quienes ser minoría ha sido condición desde la cuna ya sean los indígenas en México, ya sean los Latinos en los Estados Unidos. Ya en 1978 Octavio Paz había dicho que para recobrar la lucidez los Estados Unidos debían volver a los orígenes “No para repetirlos sino para rectificarlos” ya que para recuperarnos a nosotros mismos tenemos que reconocer a los otros, a los excluidos de Occidente. Ahora más que nunca debemos hacer que las ataduras que hacen de la frontera un límite y una limitación se conviertan en lazos que nos unen. Recordemos con Octavio Paz que “la crítica del otro comienza con la crítica de uno mismo”.

Obras citadas
Anzaldúa, Gloria. “La Nueva Conciencia de la Mestiza/Towards a New Conciousnes.”
Borderlands/ La Frontera:The New Mestiza. San Francisco: Aunt Lute Books, 1999.
Fanon, Frantz. “On National Culture.” The Wretched of the Earth. Trans. Constance Farrington. New York: Grove Press, 1963. 207-48.
---. Black Skin, White Masks. Trans.Charles Lam Markmann. New York: Grove Weidenfeld, 1991.
Gunn, Giles. “Globalizing Literary Studies.” PMLA 116 (2001): 16- 31.
Hall, Stuart. “New Ethnicities.” Critical Dialogues in Cultural Studies. Ed.David Morley and Kuan Hsing Chen.London: 1996.
Lamadrid, Enrique. “Ariel y Calibán: el reencuentro desdoblado de chicanos y mexicanos. Cuadernos Americanos. 55(1996): 89-109.
Mignolo, Walter. Local Histories/Global Designs: Coloniality Subaltern Knowledges and Border Thinking. Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 2000.
Paz, Octavio. “El pachuco y otros extremos.” El laberinto de la soledad. Ed. Enrico Mario Santí. Madrid: Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas, 1993.
---. “Los hijos de la Malinche.” El laberinto de la soledad. Ed. Enrico Mario Santí. Madrid: Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas, 1993.
---.“México y Estados Unidos. Posiciones y Contraposiciones. Pobreza y Civilización.” El laberinto de la soledad. Ed. Enrico Mario Santí. Madrid: Ediciones Cátedra, Letras Hispánicas, 1993.
Radhakrishnan, R. “Is the Ethnic “Authentic” in the Diaspora?.” Diasporic Mediations. Minneapolis: University of Minnesotta Press, 1996.
Rojas, Juan Armando. Río Vertebral. Chihuahua,México: Universidad Autónoma de Chihuahua,2002.
Antonio Benítez-Rojo. “Introducción.” La isla que se repite. España: Editorial Casiopea, 1998.
Sommer, Doris. Foundational Fictions: National Romances of Latin America. Berkeley:
University of California Press, 1991.

Sunday, January 17, 2010

Presencia

Rosario Montelongo de Swanson 1/17/10
percibo el aleteo
y sé que estás cerca
las horas blancas de nieve
pesan
agua cuajada
tierra endurecida y bárbara
diminutas ráfagas frías
caen
y el aleteo viene otra vez, viene otra vez
y se acumula
pero yo sé que
no es cierto
porque estás lejos
y porque fuimos hace mucho tiempo

Monday, January 11, 2010

Cuentos y poemas del taller de escritura creativa en Sevilla, 2007



[PAJARITO.jpg]Lo innnombrable
por Rosario Montelongo de Swanson

Enfermo y cansado, Ramiro miraba la pared blanca al lado de su cama.  Ahí proyectaba todo su ser, lo que era, lo que siempre fue.  Enfrente de él estaba la puerta.  La puerta, esa apertura por la que siempre entraba gente.  La puerta.  Jamás se atrevió a salir por ella, a cruzar su umbral.  La madre, la hermana (tan querida), el padre, la tradición la habían cerrado permanentemente. 
Del otro lado del cuarto estaba la ventana.  La ventana, ranura luminosa, único portal hacia lo innombrable.  Lo innombrable pero vivido.  Momentos de a ratos, luminosos, secretos.  Ya habían pasado muchos años.  Sus cuatro hijos eran ya más o menos mayores cuando se supo.  Se supo.  Y, al saberse la puerta se cerró permanentemente. 
***
Basta ya de andar poniendo en juicio lo que ni siquiera de hablar se puede, de lo que uno ni de hablar se atreve.  Después de tantos años de haber guardado con tanto recelo, de haberlo negado con tanto empeño y persuasión.  Pero no, no, no.  Después de tantos años frente al hermano enfermo mirándole a los ojos, el corazón latiéndole en rápido aleteo, la madre ya muerta, supo que ninguno de los dos podrían continuar pretendiendo que era, que fue, que había sido como él, como ella, su hermana, y su madre antes que ella, habían intentado creer pero que todo el mundo comentaba a gritos.
***
Miró la puerta, miró una última vez la ventana y tornó su cabeza hacia la pared.

Tres palabras
por Rosario Montelongo de Swanson

Yebel
Brotan las
flores de tu yebel, mi amor.
tu yebel
es verde como ‘las palmeras
en el Guadalquivir
y húmedo como sus aguas.
Sura
Los ojos
de los enamorados
son espejo
de lo que tuvo
que haber sentido Dios
cuando nos creó.
Zejel
Como el jade
es verde y delicado,
la vida misma
eres tú, zejel.


                      El hombre ante el infinito (1950)


luna
Rufino Tamayo


Autor-retrato
por Rosario Montelongo de Swanson

Crecí escuchando las historias
que acompañaron
el nacimiento de cada una de nosotras.
y fuimos siete.
Entonces no sabía que las historias te marcan
te señalan un lugar.
Y, que con cada recuento lo reiteran.
Cuado por fin comprendí lo que mi historia significaba,
entendí mi lugar. 
¿Y qué hacer con la historia,
con lo heredado,
con una herencia mía mas no de mí?
Y comencé a inventarme,
 a agregarme capítulos enteros
a ser irremediablemente yo.

Maria de Jesus Alcaraz Contreras (2002) 

COYOLXAHUQUI DIOSA DE LA LUNA 

Coyolxauhqui

Tu cuerpo desmembrado yace en las escaleras
de un templo azteca.
Las piezas de tu cuerpo
giran en movimientos plásticos de una danza ritual.
Coyolxauhqui
jamás invocaré tu sacrificio en vano.



Viaje a la religiosidad 
por Rosario Montelongo de Swanson
cruz
De todos los pecados capitales el que más la aterraba era el de la glotonería.  Era flaca pero creyente.  Así, impartía en las dietas que seguía una buena dosis de religión: Rosarios, padres nuestros y ave marías.  Al levantar el alba caminaba por las estrechas calles del pueblo hacia la iglesia donde con fervor rezaba por sus hijos y por su numerosa parentela.  Rezaba por su madre a quien adoraba casi como al mismo Dios; pero siempre guardaba un pedacito de sus rezos para pedirle a Dios que le permitiera sobrevivir el día sin caer en la tentación de la gula y la glotonería. 
Era importante porque de la cocina de la casa donde vivía con su madre y hermana salían deliciosos quesos, chorizos, tamales y longanizas; y, si el tiempo lo permitía deliciosos rompopes.  Doña Elodia, su madre, y Ernestina, su hermana, pasaban horas confeccionando los deliciosos manjares que con sus delicias mantenían la familia y sustentaban la gula de otros.  Elodia y Ernestina combinaban sus dotes gastronómicas con un fervor religioso que inculcaban a sus tres hijas. 
Dos de ellas, seducidas por el delicioso olor de la cocina, habían caído en la tentación de la gula y la glotonería.  Matilde y Leonora se dedicaban con religiosidad insospechada a aprender las artes culinarias de la familia, por las que todos los días daban gracias a Dios.  Las cuatro, Elodia, Ernestina, Matilde y Leonora eran mujeres extremadamente religiosas pero entradas en carnes.  En cambio a ella, la religión la había salvado.  Era extremadamente piadosa, y todos los días se levantaba al alba para pedirle a Dios que un día más le concediera el milagro.

Tuesday, December 22, 2009

Para morir iguales (Cuento)

de Rosario Montelongo de Swanson, publicado en Letras Femeninas XXXV.1  Summer 2009.

La verdad es que últimamente he estado pensando tanto en ti que no sé si te pienso tanto porque te necesito y soy egoísta o porque me enojan las mismas cosas que te hacían enojar a ti.  Lo que está pasando con tu mujer, con tus cosas, con cómo fuiste porque ahora se te recuerda de otra manera; no como eras.

Tu muerte trajo consigo los zopilotes.

Caminan agachados con las patas bien plantadas y las cabezas cerca de la tierra mirando hacia el cuerpo de tu mujer que se mantiene junto al tuyo como protegiéndolo.  No sé cuanto tiempo podrá mantenerlos lejos.  Cada vez están más cerca.  A veces remontan el vuelo pero cuando lo hacen vuelan bajo, bajito.  Hacen círculos grandes primero y luego se vienen bajando haciendo círculos más y más chiquitos siempre volando por encima de la cabeza de tu mujer.   Al principio querían entrarle a tu cuerpo pero ella no los dejó.  Estaba sobre tu guardia.  Ahora esperan la muerte de ella.  Saben que es inevitable.  Eran casi de la misma edad.  Pero ella se aferra a la vida, a lo que queda de tu vida.  Parece vivir para cuidarte a ti y a todo lo que era tuyo. 

Tu muerte trajo consigo el invierno.

Bueno, me hubiera gustado más poder decir lluvia porque sé que te gustaba más la lluvia por ser lo común en nuestros países pero no.  Moriste en un país ajeno.  Un país que un día creíste casi tuyo y que quizá nunca lo fue.
Hacía un frío terrible cuando te enterramos.  Todo era tan diferente a ti, a tu país de origen que nunca se te caía de la boca.  Hizo tanto frío que tu fosa no pudo ser cavada por manos mortales.  Tuvieron que hacer uso de una máquina. Había nevado mucho esa mañana pero con la tristeza de tu sepelio la nieve me supo a ceniza.  ¡Mira que ir a parar a una fosa gélida!  Tú que al hablar exhalabas el aire del trópico.  Tú que decías llevar el trópico en la lengua.  Fue como si la tierra no hubiera querido recibirte; como si se hubiera rehusado a aceptarte porque no eras de aquí.  Sé que no te gustaba el frío.  A mí tampoco.  Me daba miedo pensar en morir en una fosa fría.  Pensaba que ser enterrado en una fosa gélida es como si se muriera dos veces porque el frío preserva al cuerpo muerto por una temporada antes de convertirlo en osamenta y luego en nada. 
Días antes estuviste enfermo.  Apenas un malestar estomacal que no te dejaba.  Tu mujer dijo que era cuestión de descanso.  Te envolviste en la colcha floreada y hasta quisiste terminar el manuscrito pendiente.  Jamás lo terminarías.  La colcha floreada te cubriría hasta que se sobrevino el acabose.  Más tarde pensaría: “Bueno, por lo menos la colcha que envolvía tu cuerpo tenía de esas flores de nuestra tierra que tanto te gustaban.”  ¿Cuántos años anduviste rodando por ahí antes de parar en este lugar?  Nunca quisiste decírmelo.  Ya estabas viejo cuando nos conocimos.  Un buen día nos topamos así como así.  Bueno eso de conocernos es un decir porque yo ya sabía quién eras.  Tú no podías ubicarme.   Cuando empezaste a saber; creí haber visto un dejo de vergüenza.  Me contaste que hubo un tiempo en que habías sido muy malo.  También me contaste que la habías conocido cuando apenas era una niña a la que veías jugando camino a tu trabajo en los ingenios azucareros.   Así, poco a poco la fuiste aquilatando como si fuera una prenda.  Le llevabas muchos años.  En las noches de zafra la espiabas cuando paseaba con sus amigas por la plaza.  Te apalabraste con Don José.  Don José andaba necesitado.  Te dijo que sí.  En la misa hubo muchas flores, cantidad de nardos blancos.  También hubo música.  Con eso la conquistaste.  Se dejó deslumbrar por ti, por el vestido y la cofia blanca llena de azahares que le sostenía el velo.  Luego el viaje por tren.  Así había comenzado todo.  

Tu muerte trajo más muerte. 

No sé cual de las dos sufrió más, si ella o la que te cuida ahora.  Hace todo por inercia. Se presenta a trabajar, trabaja y luego vuelve a cuidar tus cosas.  Y al día siguiente otra vez lo mismo.  Vive lo que le queda de tiempo como si repitiera un ritual.  Casi no habla con nadie.  A veces habla conmigo.  ¿A cuántos más ha de enterrar?  Sé que con cada muerte se sintió morir ella un poco; pero mírala ahí está, viva todavía.  Y ya casi no le queda ninguno.  Los pocos que quedan son más viejos que ella.  Morirán pronto antes que ella.  Los verá morir y con su muerte desaparecerá  el mundo que compartían.  Cuando mueren los que saben lo que tú, se llevan pedazos de tu mundo, de tu pasado.  Ese mundo que mantenían vivo con palabras.  Ese mundo que construyeron otra vez aquí con historias, con canciones, con palabras. 

Parece haber nacido para eso para mirar morir y para ahuyentar zopilotes.  De vez en cuando los mira como si los retara.  Ellos la miran fijo.  Cuando la miran, ella serena y apacible parece adquirir fortaleza.  Pero los zopilotes son negros como el color de la paciencia.  Saben esperar su hora. 

Cuando nos conocimos ya había pasado tanto tiempo desde todo aquello.  Ya eras un viejo entrado en años.  Pensabas que habías dejado muchas cosas atrás.  Se te habían olvidado muchas cosas.  Yo era joven, había tenido que vivir con lo que tú considerabas muerto.  Aunque tenía fresca la memoria de las cosas; había dejado mi lugar para ya no pensarlas más.  Aprender cómo sobrevivir en este lugar extraño las había acallado.  Trabajaba horas y horas en un restaurante, el único trabajo para gente como yo.  Poco a poco comencé a balbucear esta lengua ajena.  Sus palabras en mi boca hacían que yo misma me supiera ajena.  Hablar dolía.  Así pasaron los años.  Ahí conocí a mi marido.  Fue con él con quien aprendí a disfrutar la vida de nuevo.  A sentir que esas palabras ajenas podían ser un poquito mías; a no sentirme extraña de mí misma.  Hasta incluso comencé a estudiar.  Cuando te conocí ya estaba casada.  La conocí a ella primero por accidente.  Fue ella la que comenzó a contarme de ti, de tu vida.  Por ella me enteré de muchas cosas que me hubieran hecho falta.  Les gustó mi trabajo.  Aprendí la ruta de tus pensamientos y sabía cómo anticiparlos.  Por aquel entonces acababas de terminar tu aventura con esa profesora feminista que había regresado a Sudamérica para hacerse la cirugía.  Tú no habías sido mucho para ella y ella tampoco para ti.  Su marido la había dejado por otra más joven pero ella era más joven que tú.  Fue algo así como una especie de venganza.  Nunca le caí bien.  Parece como si desde el principio hubiera olisqueado una posible rival.  Tenía razón.

La luz se disipa entre ráfagas de neblina.  El cortejo se dispersa.  Sólo el color subido de las rosas rojas permanece. 

Cuando se vino la huelga del ingenio tenías cuatro hijas y un varón.  Andabas de organizador de trabajadores.  Pero ya desde entonces eras así.  Te desaparecías en las carpas de Chupamirto o te ibas a bailar con las mujeres “del cinco” en la casa a cargo de la señora Pomposa.  Luego te aparecías con la música para pedirle perdón y ella siempre te perdonaba.  El día señalado del paro se aparecieron los dueños del ingenio con sus guaruras y pistoleros para amedrentar a la gente.  No querían que hubiera sindicato.  Hubo balacera y tú te esfumaste.  Te esperó por mucho tiempo.  No le quedó más remedio que refugiarse con sus padres.  Pero no pudo soportar por mucho tiempo.  No.  Nunca pude entender por qué o cómo había soportado tus aventuras aunque a mí nunca me tocó vivirlas. Al principio no fue nada, un halago a mis dotes de eficiencia y nada más.  Pero yo sabía que tratabas de halagarme ordenando margaritas.  Luego vinieron los piropos.  Y un día me diste un beso en la boca.  Luego me hacías el amor mientras escuchábamos canciones de José Alfredo porque te hacían recordar a quien habías sido.  No se por qué pero yo sentía muy bonito como si estuviera en México, como si nunca me hubiera ido. 
Fuimos a buscarte hasta Tamaulipas porque tu compadre Chema oyó decir que ahí te habían escondido los del sindicato.  Ahí nací yo en el hospital de los indigentes.  Don Rafael, el de la presidencia municipal y su mujer Doña Elvira Guzmán me bautizaron porque te conocían y eran del mismo pueblo que ustedes.  Crecí en el calor aguardentoso del noreste entre el color vivo de los flamboyanes, el vaho que emana el agua de los canales que atraviesan la ciudad y los pitidos del ingenio en tiempos de zafra.  Nunca se supo más de ti.  Nunca se acostumbró al calor del noreste.   

Cuando te enfermabas y me tocaba cuidarte emergías de esos trances con los ojos hundidos.  Entonces me contabas cosas.  Al principio pensé que eras del noreste como yo.  Después vine a saber que antes de vivir en los trópicos habías sido organizador.  Que habías estado separado de tu mujer antes de venir a parar acá.  Que por cuestiones ideológicas te habías quedado en las islas y ella se había asilado acá.  Pasaron años antes de que volvieran a estar juntos.   Pero como había sucedido antes todo se vino abajo una vez más.  Te sentiste viejo.  Cansado de andar rodando la seguiste hasta acá. 

Hace tanto frío que los pies no dejan huella al caminar.

Cuando por fin nosotros regresamos al sur ya las cosas se habían calmado.  Después de tanto y tanto el sindicato había ganado.  Habían pasado años, pero tú nunca apareciste.  Yo todavía no terminaba de crecer y aunque terminé de crecer en el aire templado de las montañas, la gente nunca me perdonó haber nacido en el noreste.   Me decían que llevaba el aire cálido del noreste que me veía diferente.  Para mi madre y para las otras dos que vinieron con ella regresar fue como volver a la vida.  Allá en el noreste, ellas habían sido las extrañas.  Cuando terminé de crecer, yo en el sur no duré mucho.  Me cansé de ser la extranjera y me fui a buscar mi destino.  No sabía que el destino me iba a traer hasta acá donde de verdad conocí la extrañeza.  Cuando me casé, ella se vino a vivir conmigo por un tiempo.  Pero ya estaba cansada.  No quería volver a empezar. Regresó al lugar de donde eran ustedes. ¡Inclusive cuando estaba ya muy enferma pedía que le pusieran la consola!  Cuando se llegó el final la sepultamos con música y con muchas flores: lilas y nardos blancos como cuando se casaron.  ¡Su sepelio fue tan diferente al tuyo! La orquesta nos seguía de cerca tocando “La pajarera” que había sido tu canción favorita.  Parecía como si todo el pueblo hubiera venido a acompañarla hasta el final.  Todos los habían conocido. 

Las lilas la traen de nuevo a mí.

Tú anduviste rodando por ahí.  No es cierto que hayas vivido en Tamaulipas a donde te fuimos a buscar.  Estuviste en Veracruz y de ahí te pasaste a las islas.  En las islas comenzaste a organizar trabajadores de nuevo.  Aunque fuiste huérfano, llevabas contigo las mañas de quien ha crecido entre las zafras y el cañaveral.  No pasó mucho tiempo para que otros apreciaran tu habilidad de organizar.  Tu amor por la buena música te hizo popular.  A la otra la conquistaste en una fiesta.  Tu segunda mujer era de buena familia y tú un humilde líder de cañeros.  La conquistaste con la música como a mi madre.  De ella aprendiste los buenos modales y la costumbre de tomar vino.  Juntos viajaron a España.  Tus dotes de organizador de cañeros terminaron en una invitación a Rusia; se pasó por alto que ella fuera burguesa.  Pero una vez más empezaron las divisiones.  Ella salió primero.  Tú te quisiste quedar pero  ya los tiempos habían cambiado.  Ya no se usaban los líderes carismáticos.  Querían gente de universidad.  Pasaste tantos malos trechos hasta que alguien te hizo el favor de conseguirte una visa a España primero y de ahí la seguiste hasta el norte.  Te consiguió trabajo en la misma universidad donde trabajaba ella.  Habían estado separados por diez años.  Tuviste suerte.  Acá empezaba a haber interés en lo que había pasado en esa época.  Te dedicaste a escribir tus memorias.  La crónica de tu vida como dirigente cañero te estableció como una autoridad en el tema.  Luego vinieron un libro de cuentos, dos novelas y quién sabe cuántas cosas más.  Habías encontrado tu lugar en las letras.  Pero aunque ya estabas viejo volviste una vez más a las andadas.  Sé que sólo nos quisiste a nosotras.  Las demás nunca contaron.  Un día mientras me peinaba frente a la luna del espejo me contaste cómo llegaste a las islas.  Pensaste que ibas a morir.  Los guaruras te habían seguido hasta Veracruz.  Hiciste correr la voz de que te habías ido a Tamaulipas.  Claro que siempre pensaste en ella y en tus hijos pero el miedo fue mayor.  Llorabas cuando me lo dijiste.  Pero, todas esas cosas yo ya las sabía. 

Después cuando te enfermaste hablabas de regresar, de buscarla, de encontrarnos a todos.  Tu delirio duró una semana.  En la inconsciencia de tu delirio nos lo dijiste.  Querías regresar, verla hablar con ella, volver para morir iguales.  Y ella, ahí escuchándote, asumiéndolo todo con infinita paciencia. Con infinita paciencia no, que digo.  Con amor.  Yo no tuve el valor de confesarte que ella ya se te había adelantado.  

La única que regresó fui yo.  Le dejé nardos en los jarrones.  Le pedí perdón y me fui de ahí una vez más. 

Ya amanece.  Sombras de alas plegadas van adquiriendo forma.  Comienzan a caminar con los picos al suelo.  De pronto algo ventean; remontan el vuelo  y se pierden en la lejanía.  La claridad me despierta.  La veo a ella viéndome.  Me levanto mirándola.  Nos comunicamos sin hablar. Nos unen tantas cosas.  Tu recuerdo ronda entre nosotras.  Ordenamos tus papeles en silencio.  Levanto los ojos, intercambiamos miradas.  Su mirar es un mirar pausado de mujer vieja.  Nos vemos largamente. Me mira.  La veo.  Y así con su mirada me autoriza toda una vida.