El sueño de la Malinche (1939)

El sueño de la Malinche    (1939)
de Antonio Ruiz "El Corcito"

Monday, January 11, 2010

Cuentos y poemas del taller de escritura creativa en Sevilla, 2007



[PAJARITO.jpg]Lo innnombrable
por Rosario Montelongo de Swanson

Enfermo y cansado, Ramiro miraba la pared blanca al lado de su cama.  Ahí proyectaba todo su ser, lo que era, lo que siempre fue.  Enfrente de él estaba la puerta.  La puerta, esa apertura por la que siempre entraba gente.  La puerta.  Jamás se atrevió a salir por ella, a cruzar su umbral.  La madre, la hermana (tan querida), el padre, la tradición la habían cerrado permanentemente. 
Del otro lado del cuarto estaba la ventana.  La ventana, ranura luminosa, único portal hacia lo innombrable.  Lo innombrable pero vivido.  Momentos de a ratos, luminosos, secretos.  Ya habían pasado muchos años.  Sus cuatro hijos eran ya más o menos mayores cuando se supo.  Se supo.  Y, al saberse la puerta se cerró permanentemente. 
***
Basta ya de andar poniendo en juicio lo que ni siquiera de hablar se puede, de lo que uno ni de hablar se atreve.  Después de tantos años de haber guardado con tanto recelo, de haberlo negado con tanto empeño y persuasión.  Pero no, no, no.  Después de tantos años frente al hermano enfermo mirándole a los ojos, el corazón latiéndole en rápido aleteo, la madre ya muerta, supo que ninguno de los dos podrían continuar pretendiendo que era, que fue, que había sido como él, como ella, su hermana, y su madre antes que ella, habían intentado creer pero que todo el mundo comentaba a gritos.
***
Miró la puerta, miró una última vez la ventana y tornó su cabeza hacia la pared.

Tres palabras
por Rosario Montelongo de Swanson

Yebel
Brotan las
flores de tu yebel, mi amor.
tu yebel
es verde como ‘las palmeras
en el Guadalquivir
y húmedo como sus aguas.
Sura
Los ojos
de los enamorados
son espejo
de lo que tuvo
que haber sentido Dios
cuando nos creó.
Zejel
Como el jade
es verde y delicado,
la vida misma
eres tú, zejel.


                      El hombre ante el infinito (1950)


luna
Rufino Tamayo


Autor-retrato
por Rosario Montelongo de Swanson

Crecí escuchando las historias
que acompañaron
el nacimiento de cada una de nosotras.
y fuimos siete.
Entonces no sabía que las historias te marcan
te señalan un lugar.
Y, que con cada recuento lo reiteran.
Cuado por fin comprendí lo que mi historia significaba,
entendí mi lugar. 
¿Y qué hacer con la historia,
con lo heredado,
con una herencia mía mas no de mí?
Y comencé a inventarme,
 a agregarme capítulos enteros
a ser irremediablemente yo.

Maria de Jesus Alcaraz Contreras (2002) 

COYOLXAHUQUI DIOSA DE LA LUNA 

Coyolxauhqui

Tu cuerpo desmembrado yace en las escaleras
de un templo azteca.
Las piezas de tu cuerpo
giran en movimientos plásticos de una danza ritual.
Coyolxauhqui
jamás invocaré tu sacrificio en vano.



Viaje a la religiosidad 
por Rosario Montelongo de Swanson
cruz
De todos los pecados capitales el que más la aterraba era el de la glotonería.  Era flaca pero creyente.  Así, impartía en las dietas que seguía una buena dosis de religión: Rosarios, padres nuestros y ave marías.  Al levantar el alba caminaba por las estrechas calles del pueblo hacia la iglesia donde con fervor rezaba por sus hijos y por su numerosa parentela.  Rezaba por su madre a quien adoraba casi como al mismo Dios; pero siempre guardaba un pedacito de sus rezos para pedirle a Dios que le permitiera sobrevivir el día sin caer en la tentación de la gula y la glotonería. 
Era importante porque de la cocina de la casa donde vivía con su madre y hermana salían deliciosos quesos, chorizos, tamales y longanizas; y, si el tiempo lo permitía deliciosos rompopes.  Doña Elodia, su madre, y Ernestina, su hermana, pasaban horas confeccionando los deliciosos manjares que con sus delicias mantenían la familia y sustentaban la gula de otros.  Elodia y Ernestina combinaban sus dotes gastronómicas con un fervor religioso que inculcaban a sus tres hijas. 
Dos de ellas, seducidas por el delicioso olor de la cocina, habían caído en la tentación de la gula y la glotonería.  Matilde y Leonora se dedicaban con religiosidad insospechada a aprender las artes culinarias de la familia, por las que todos los días daban gracias a Dios.  Las cuatro, Elodia, Ernestina, Matilde y Leonora eran mujeres extremadamente religiosas pero entradas en carnes.  En cambio a ella, la religión la había salvado.  Era extremadamente piadosa, y todos los días se levantaba al alba para pedirle a Dios que un día más le concediera el milagro.

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